Ese domingo 6 de septiembre el obispo Djalma inició la reunión realizando un llamado a la salvación. Si el Reino de los Cielos es eterno, entonces la prioridad de cada persona debe ser entrar en ese Reino. Para que eso suceda no basta solo decir «Señor, Señor»; es necesario obedecer al Dueño de los Cielos.
«No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» Mateo 7:21
Muchos no han tomado en serio esta Palabra. Piensan que porque Dios es amor todos serán salvos. Pero David tenía un pensamiento que lo hacía diferente:
«Yo me alegré cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor. Plantados están nuestros pies dentro de tus puertas, oh Jerusalén. Jerusalén, que está edificadacomo ciudad compacta, bien unida, a la cual suben las tribus, las tribus del Señor, (lo cual es ordenanza para Israel) para alabar el nombre del Señor. Porque allí se establecieron tronos para juicio, los tronos de la casa de David.» Salmo 122:1
David sabía lo que representaba la Casa del Señor. Él valoraba, reconocia la oportunidad y el privilegio de estar en la Casa de Dios. Hay quienes desean derrumbar un gigante y salir victorioso como David lo hizo, pero todo esto fue consecuencia del amor que él tenía hacía la Casa de Dios. Desafortunadamente, hoy la mayoría de las personas no valoran la Casa de Dios. Y Quiénes no valoran la Casa del Padre, es porque no son hijos de Él.
David reinó sobre todo Israel, y administraba justicia y derecho a todo su pueblo.
2 samuel 8:15
Allí en Jerusalén había una unión en la autoridad del trono de David y la autoridad del Altísimo. Es decir, el pueblo iba allí a buscar ayuda en la autoridad del rey pero también conseguí el consejo y la justicia de Dios. Así como sucedió con Ana, ella no fue entendida por el profeta pero tuvo la oportunidad de ir directo con la autoridad Mayor: Dios.
Orad por la paz de Jerusalén: Sean prosperados los que te aman. Haya paz dentro de tus muros, y prosperidad en tus palacios.Por amor de mis hermanos y de mis amigos diré ahora: Sea la paz en ti.Por amor de la casa del Señor nuestro Dios procuraré tu bien. Salmos 122:6-9
¿Cuántos son aquellos que dejan de depender del Supremo Juez para depender de autoridades más pequeñas? El obispo Djalma nos da varios ejemplo de cómo esto sucede diariamente:
Muchos prefieren reemplazar el «Yo Soy el Señor que te sana» (Autoridad Mayor) por la palabra del médico. No se trata de menospreciar ir al médico, ¡No!, es muy importante su conocimiento; pero la Autoridad de Dios es mayor que el diagnóstico de un médico.
Reemplazan el «Todo es posible para el que cree» por el «yo no puedo». Entienda que el Señor Jesús jamás le pedirá algo que no pueda hacer, y cuando Él pide algo de nosotros es para nuesttro bien. A veces la persona dice que no puede dejar un vicio, y se dejan dominar por un cigarro, una bebida, un pecado; olvidando que su alma vale mucho más que eso.
El «Así dice el Señor» por el «así dice mi corazón». También está escrito que , pero aún así, muchos prefieren seguir sus sentimientos aún cuando Dios nos alerta que el corazón es perverso y engañador.
El «tesoro en el Cielo» por los «tesoros de este mundo». No quiere decir que usted no pueda adquirir bienes materiales, lo que no puede es valorar las cosas del mundo y rechazar lo espiritual.
El obispo Djalma concluye con la importancia de depender solo del Señor Jesús, la Mayor Autoridad que usted puede encontrar. El hombre siempre tendrá límites, pero Dios no.
«…los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos; deseables más que el oro; sí, más que mucho oro fino, más dulces que la miel y que el destilar del panal.» Salmos 19: 9-10
La pregunta es: ¿Escuchar la Palabra ha sido más deseable que todo lo demás?
