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Las diferentes batallas espirituales requieren actitudes específicas de fe, perseverancia y confianza en Dios.

No todas las batallas espirituales se manifiestan de la misma manera. Para ilustrar cada una de ellas, podemos ver las historias de Daniel, Job y Pablo, quienes nos muestran cuáles debe ser la actitud ante estos momentos.

1. Resistencia del mal a la respuesta

La primera batalla espiritual que se presentó fue la resistencia del mal para impedir que llegara una respuesta. Para explicar este escenario, dio el ejemplo de Daniel, quien permaneció en oración durante 21 días (Daniel 10).

Daniel estuvo orando durante 21 días. Oraba y no veía ningún resultado. Aun así, siguió orando. El hecho de que no haya cambios visibles no significa necesariamente que no esté sucediendo nada. La oración le conecta con el Todopoderoso. Es imposible que pida algo en oración y que, en el plano espiritual, no ocurra nada.

Por lo tanto, se recomienda perseverar incluso cuando la respuesta parezca lejana. Por esta razón, la oración debe formar parte de su rutina.

2. Ataque espiritual

La segunda situación presentada fue el ataque espiritual, representado por la historia de Job. A diferencia de la resistencia a una respuesta, este tipo de batalla implica una presión que puede afectar diferentes áreas de la vida simultáneamente. Job enfrentó pérdidas, sufrimiento y cuestionamientos, incluso de personas cercanas a él. Aun ante estas dificultades, mantuvo su integridad ante Dios (Job 2:9-10).

Si es una persona que sufre un ataque espiritual y sigue quejándose, murmurando o blasfemando, no podrá superarlo. Proteja su boca, sus pensamientos y sus oídos de las palabras hirientes que escucha.

En este sentido, el consejo es no permitir que la presión transforme a una persona en alguien dominado por las quejas, las dudas o la rebeldía. Así, controlar las propias palabras también forma parte de preservar la fe durante periodos de gran dificultad. La historia de Job sirve de referencia para esta actitud. Incluso después de atravesar un periodo de sufrimiento, su vida fue restaurada.

3. El mal que intenta impedir el crecimiento

La tercera batalla espiritual se refiere a los intentos de obstaculizar el progreso y el crecimiento de una persona. Para explicar este punto, tenemos el ejemplo del apóstol Pablo. En 1 Tesalonicenses 2:18, Pablo afirma que deseaba visitar a los cristianos, pero relata que Satanás le había impedido hacerlo.

Pablo no estaba poseído por demonios, pero el mal intentó bloquear su camino. Él quería fortalecer la iglesia, hacer crecer el Reino de Dios, y cada vez que uno quiere crecer, ve cómo el mal intenta detenerlo.

Por lo tanto, el consejo es no interpretar la primera dificultad como un motivo para rendirse. La perseverancia es necesaria ante los obstáculos que surjan en el camino. Si eres una persona de fe, el diablo puede intentarlo una o dos veces. Puede haber un intento aquí, otro allá. Cuanto más difícil se ponga, más debes perseverar, porque llegará un punto en que ya no podrá detenerte.

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