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Cada decisión tiene una reacción. Cada actitud, una consecuencia.
Así le pasó al pueblo del profeta Joel: se apartaron de Dios y la tierra misma se secó, las cosechas se perdieron y la alegría se esfumó. No fue un castigo caprichoso, sino la consecuencia lógica de alejarse de la Fuente de la Vida.
Pero aquí está la buena noticia: Dios no es un juez que espera para condenar, es un Padre que espera con los brazos abiertos.
Joel 2:13 lo dice claro: «Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia.»
No importa qué tan seca esté tu tierra hoy. No importa cuántas malas decisiones hayas cosechado. Hoy es el día de regresar. Hoy es el día de arrepentirnos y buscar Su rostro de verdad.
Dios no quiere tu perfección, quiere tu corazón.

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