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Enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y he aquí, yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. (Mateo 28:20)

La Palabra de Dios nos enseña a guardar Sus mandamientos, y a través de ellos aprendemos que, ante todo, debemos cuidar nuestros corazones y estar vigilantes en todo momento, para no ser corrompidos por el mundo ni ceder a nuestra propia voluntad y a los deseos de nuestro corazón, de donde proviene todo el mal que nos separa del Señor.

Sus elegidos, que anhelan y buscan ser llenos del Espíritu Santo, reciben su plenitud, manifiestan sus frutos y son conocidos como sus testigos porque viven en completa paz.

Desarrollan un corazón nuevo y amoroso, y nuevos pensamientos de misericordia. Saben perdonar a sus deudores y sacrifican con alegría sus sueños por Él. Siempre le agradan, ejercitando la fe con confianza y la certeza de que Él está con ellos cada día, hasta el final.

Autor

Ester Bezerra

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